lunes, mayo 08, 2006

Situación Internacional del Aceite de Oliva

I. INTRODUCCIÓN


En los últimos años, la olivicultura se ha posicionado en un lugar de importancia en Chile; esta actividad ha venido experimentando una significativa transformación, desde ser un rubro tradicional, asociado a características de marginalidad, a un cultivo que atrae inversiones, tanto en expansión de superficie como en la incorporación de tecnologías en los procesos de producción e industrialización.

Hoy en día el mercado exige productos lo más naturales posibles y que, a su vez, ayuden a mantener una vida saludable. El aceite de oliva se presenta como una alternativa muy interesante de producto natural, además de considerarse crecientemente como la opción más sana entre los aceites comestibles, y con ello la conquista de nuevos mercados, entre los cuales están Estados Unidos, Japón, países del Sudeste Asiático y los del Norte de Europa. El aceite de oliva es uno de los aceites vegetales más importantes desde el punto de vista económico, representando sólo el 3 % del volumen total mundial de este mercado, pero entre un 10 y 20 % de su valor comercial. El consumo mundial de productos derivados de la oliva, en particular el aceite de oliva, muestra un crecimiento sostenido, fundamentado en la valoración que el consumidor hace de sus atributos favorables sobre la salud.

La Región Mediterránea es la principal productora y consumidora de aceite oliva: España, Italia y Grecia son los mayores proveedores del mercado mundial, produciendo en conjunto cerca de 1,6 millones de toneladas, de un total mundial de 2,1 millones de toneladas de aceite oliva. De este modo, no es de extrañar que la Unión Europea concentre el 80% de la producción mundial de aceite oliva y aproximadamente el 70 % de dicho consumo.


Actualmente el mercado mundial de este producto está en lo que se podría llamar un equilibrio entre el consumo y la producción. Si bien el consumo mundial aumenta de manera sostenida, los niveles de producción también lo hacen.

Existe un real optimismo entre los representantes de la industria olivícola nacional, y esto se sustenta en el alza sostenida que muestran los embarques en los últimos años. Mientras en 2001 los envíos de aceite de oliva alcanzaron los US$ 4.244, en 2002 la cifra llegó a US$ 25.040, y el 2003 a US$ 158.000, proyectándose para 2009 la exportación de 20 mil toneladas de aceite Premium, con un retorno de US$ 160.000.000.

En consecuencia, resulta interesante, analizar y conocer la situación del mercado internacional del aceite de oliva, especialmente para Chile. En estos momentos a nivel mundial todo lo que se produce se vende. Frente a tal escenario, el desafío para el sector productor de aceite oliva en Chile es ser capaz de producir un aceite de excelente calidad, que pueda ser transado en el exterior y genere altos retornos.

II. OBJETIVOS

· Describir la producción y el comercio mundial del aceite de oliva.
· Describir la situación chilena del aceite de oliva.
· Analizar las posibilidades del aceite de oliva chileno en el comercio mundial

domingo, mayo 07, 2006

Factores y procesos de formación del suelo


Los organismos como factor formador

Constituyen la fuente de material original para la fracción orgánica del suelo. Restos vegetales y animales que al morir se incorporan al suelo y sufren profundas transformaciones.

Ejercen importantes acciones de alteración de los materiales edáficos. Los organismos transforman los constituyentes del suelo al extraer los nutrientes imprescindibles para su ciclo vital. El papel de los microorganismos en la transformación de la materia orgánica es tan importante como para que la humificación apenas se desarrolle en su ausencia. Producen una intensa mezcla de los materiales del suelo como resultado de su actividad biológica.
El tipo y abundancia de la materia orgánica del suelo está directamente relacionada con los organismos del mismo. Favorecen el desarrollo y estabilidad de la estructura (como consecuencia directa de su circulación a través del suelo y también al excretar residuos de intenso poder agregante).

Aumentan la porosidad del suelo. Favorecen el drenaje. Influyen en el microclima (la vegetación produce sombra y disminuye la evaporación, aunque también consumen gran parte del agua del suelo).

Protegen al suelo de la erosión. Por efecto mecánico (la cobertura vegetal, así como los restos acumulados sobre la superficie, protege a éste de los impactos de las gotas de lluvia) o por el poder de agregación que unen a las distintas partículas del suelo y así quedan fuertemente retenidas.

Las raíces de los árboles se introducen en las fisuras y contribuyen a desmenuzar el manto rocoso. Además, penetran en algunas capas compactadas y mejoran la aireación, la estructura del suelo, la infiltración y la retención del agua, así como la capacidad de aprovisionamiento de nutrientes.

Por otro lado, los organismos llevan a cabo adiciones y desintegraciones de materiales orgánicos, producen un aumento del nitrógeno en el suelo y mantienen la estabilidad estructural del mismo.


El tiempo como factor formador

El suelo, es el resultado de una serie de procesos y cada uno de ellos se desarrolla con muy diferente velocidad. Como consecuencia las propiedades del suelo, que son el resultado de la actuación de los procesos, se manifestaran también de un modo desigual.

La velocidad de formación de un suelo es extraordinariamente lenta y depende del tipo de factores formadores de cada suelo. Así los suelos se desarrollaran más fácilmente sobre materiales originales sueltos e inestables que a partir de rocas duras y constituidas por minerales estables. También es lógico esperar una más rápida formación en los climas húmedos y cálidos que en climas secos y fríos. Finalmente, la topografía incidirá en el tiempo de desarrollo del suelo según el grado de erosión o de depositación de materiales que ella promueva. Los suelos se mantendrán jóvenes o inmaduros bajo condiciones donde el grado de erosión y depositación sean intensos. Por ello la velocidad de formación del suelo es muy variable, en la bibliografía se pueden encontrar valores desde 1mm/año hasta 0,001mm/año.

La génesis del suelo, comienza cundo un evento catastrófico inicia un nuevo ciclo en su desarrollo. La longitud del tiempo necesario para que un suelo se desarrolle, o para que alcance su equilibrio con el medio ambiente depende de la roca madre, de las condiciones del clima, de los organismos vivientes y de la topografía.

Procesos de Formación del Suelo

Conjunto de modificaciones que ocurren en el suelo como resultado de la intensidad con que actúan los factores formadores del suelo.

La formación del suelo está sujeta a diferentes procesos, en los que interactúan los factores antes mencionados (clima, material parental, geografía, micro y macro organismos edáficos y el tiempo). Se pueden destacar dos grandes procesos, como lo son: la meteorización o intemperización y el desarrollo del perfil.

Meteorización ó intemperización

Es la desintegración y descomposición de las rocas, en fragmentos, minerales, compuestos solubles e indisolubles. Puede distinguirse dos tipos principales de meteorización, 1) meteorización física o mecánica (destacando un proceso de desintegración) y 2) meteorización química (que corresponde a un proceso de descomposición). En el primer caso se produce la disminución del tamaño de las rocas y minerales, sin cambiar su composición química, a diferencia del segundo caso en que se produce un proceso de descomposición, en que si existen cambios en la composición química, liberándose sustancias solubles, generándose síntesis de nuevos minerales y quedando finalmente los minerales más resistentes.

Meteorización física o mecánica:
Los principales agentes que producen esta meteorización son: la temperatura, el hielo, el viento y el agua.
El tipo más universal de meteorización física es la producida por los cambios de temperatura. Cuando tales cambios son de magnitud suficiente y súbita, la expansión y contracción de las capas superficiales de las rocas, pueden producir tensiones provocada por los minerales con coeficientes de dilatación y contracción distinto,que causan el rompimiento en pedazos de dicha roca. Este tipo de meteorización es característica de climas secos, ejemplo de ello son los desiertos, en que la radiación directa produce grandes cambios de temperatura a la puesta y a la salida del sol.

En climas fríos o templados con precipitaciones abundantes, los cambios de helada y deshielo son de importancia fundamental en la pulverización física de las rocas, dato importante es la fuerza que desarrolla el hielo al congelarse el agua, con una magnitud equivalente a 1465 mg/m2, debido a un aumento en un 9% del volumen.

Otro agente geomorfológico importante son los glaciares, los que con su enorme peso destruyen las rocas y minerales, mezclando posteriormente dichos materiales.Un factor modelador importante del paisaje lo constituye, el viento, que actúa a través de miles de toneladas de arena y limo que mueve, ejerciendo una acción abrasiva sobre las formaciones que cubre. Genera cuencas de deflación y arcos en las zonas que se erosionan.

Como principal agente erosivo en la naturaleza tenemos el agua, siendo un modelador del paisaje muy importante.

Meteorización química: La meteorización química es un proceso que consiste en la descomposición o rotura de las rocas por medio de reacciones químicas. Se basa en una serie de procesos en que el agente químico más importante lo constituye el agua, siendo un factor condicionante. La temperatura determinará la velocidad del cambio químico, aumentando a temperaturas altas y disminuyendo a temperaturas bajas. De este modo, si consideramos las diferencias climáticas, tendremos que en condiciones áridas la meteorización química será mínima, debido a la ausencia de agua, como también en condiciones árticas y alpinas a causa de las bajas temperaturas. En tales casos, la meteorización es más que nada de carácter físico. Por otro lado en climas húmedos la intensidad de la meteorización irá en aumento a medida que las temperaturas se incrementen, alcanzando un máximo en los trópicos.

Los procesos que aquí actúan corresponden a la hidratación, el cual consiste en la combinación química del agua con un mineral determinado. La hidratación afecta a las rocas por minerales cuyos compuestos reaccionan con el agua fijando sus moléculas. La hidrólisis, que comprende la ruptura de la estructura de los minerales silicatados por la acción del agua, liberando dos compuestos más sencillos, uno de carácter ácido y otro básico. La hidrólisis es más eficaz cuanto mayor es la humedad y la temperatura, y la existencia de una cobertera vegetal, que controlan la velocidad de las aguas de percolación (penetración del agua en el suelo).Siendo el último proceso la disolución, proceso físico que consiste en la disociación de las moléculas en iones gracias a un agente disolvente, en nuestro caso el agua. Este proceso no implica ninguna transformación en la composición química del material disuelto. Una vez disueltos los materiales se precipitan al desaparecer el agente disolvente. Frecuentemente esta precipitación se hace en el mismo lugar de la disolución. La eficacia de la disolución depende de la naturaleza de la roca, sobre todo de su permeabilidad.

Meteorización biológica: Al estar el suelo en presencia de una cubierta vegetal, los procesos de meteorización sin duda aceleran, tanto por la producción de anhídrido carbónico como por el hecho de suministrar material para la producción de humus, incluyendo ácidos húmicos. Se destacan dos casos en los que se puede hablar de una meteorización biológica. El primer caso es la acción de las raíces de las plantas que ensanchan las grietas y fracturas en las rocas. El segundo caso corresponde a un efecto de escamación producido por el material coloidal (de origen orgánico) que alternativamente se seca y humedece, estando en íntimo contacto con la roca o mineral.

Desarrollo del perfil

El suelo en su desarrollo comienza a distinguirse diferentes zonas con características particulares, llamadas horizontes del suelo. Los procesos que conducen a la formación del perfil del suelo constituyen su desarrollo, prolongándose hasta llegar a una condición próxima al equilibrio o de equilibrio dinámico con el medio ambiente, en tal caso se puede hablar de un suelo maduro, de lo contrario, ya sea por juventud o porque su desarrollo ha sido imperfecto debido a otros fenómenos como mal drenaje o erosión se habla de un suelo inmaduro.

Los principales horizontes a saber son: O, A, E, B, C y R

Donde el horizonte O corresponde a un horizonte orgánico, el que se desarrolla sobre la formación mineral. El horizonte A, corresponde a un horizonte mineral que está en contacto directo con la materia orgánica, de este modo, el humus está siendo constantemente incorporado (proceso conocido como melanización). Continuando el descenso por el perfil del suelo, se desarrolla el horizonte E, donde se aprecia una zona de lixiviación o lavado de minerales (eluviación), caracterizada por haber perdido arcillas de silicatos, el hierro, el aluminio o combinaciones de ellos y otros elementos especialmente bases, tomando generalmente un color claro. Bajo este horizonte encontramos una zona de acumulación de materiales (proceso conocido como iluviación) entre los que podemos encontrar, arcillas de silicatos, hierro, aluminio o humus, solo o en combinación. Bajo este horizonte se encuentra el horizonte C, que consiste en el material mineral ligeramente intemperizado, pudiendo ser igual o distinto al material formador del suelo (Schlatter et al., 1978). Finalmente tenemos el horizonte R que consiste en roca consolidada, se supone similar al material que deriva el suelo.

Dependiendo de las condiciones climáticas podemos señalar 4 procesos principales en la formación del perfil, como lo son: la podzolización, la laterización, la calcificación y la gleización.

Podzolización. Proceso de desarrollo del perfil del suelo, que se produce bajo condiciones de clima húmedo y templado-frío., donde la precipitación supera a la evaporación, y donde la vegetación produce humus ácido. En otras palabras, se desarrolla debajo de los bosques en los climas frescos y húmedos. En este proceso los materiales orgánicos y sesquióxidos se translocan desde el horizonte superior del suelo y, de manera subsecuente se depositan en el horizonte B.

Laterización. Se presenta en las zonas intertropicales de altas temperaturas y de lixiviación extrema, lo cual favorece una rápida desilicatización y acumulación de los óxidos férricos en condiciones oxidantes. El proceso produce una intensa lixiviación que no sólo alcanza las bases, sino también a los silicatos, en tanto que se forman óxidos estables de Fe y Al que se acumulan en el suelo.

Calcificación. Se produce en regiones de baja precipitación, es decir, no es característico de las áreas forestales. La vegetación en estas zonas corresponde a pastos y arbustos. Los carbonatos de Ca y de Mg no son lavados, lo que produce una acumulación de estos. La vegetación de estas áreas es normalmente rica en bases, de modo que el reemplazo de Ca y bases en el suelo superficial es un ciclo permanente, que permite la mantención de un pH neutral.

Gleización. Proceso inducido por un drenaje impedido o imperfecto. Bajo estas condiciones se desarrollan horizontes B y C compactados y sin estructura, que se conocen como horizontes gley. En el caso que el nivel del agua freática tenga fluctuaciones son típicos los moteados amarillos, cafés y rojos.




Bibliografía

Donoso, C.1981. Ecología Forestal. Tercera edición. Editorial Universitaria. Santiago, Chile. 369 p.
Pritchett, W. 1986. Suelos Forestales. Segunda reimpresión. Editorial Limusa. México, DF, México. 634 p.
Robinson, G. 1960. Los suelos, su origen, constitución y clasificación. Edición Omega s.a. Barcelona. 515 p.
http://club.telepolis.com/geografo/geomorfologia/alteraci.htm

Absorción de elementos nutritivos

Las plantas absorben los nutrientes contenidos en el aire a través de las estomas de las hojas; y los demás nutrientes se absorben generalmente, desde la disolución del suelo, a través de las raíces. Los elementos nutritivos que se toman del suelo proceden de las rocas (menos el nitrógeno que procede del aire), que al degradarse lentamente se convierten en compuestos solubles, quienes se disocian en el agua del suelo en iones positivos (cationes) e iones negativos (aniones), para ser asimilados bajo esta forma por las plantas.


Las plantas absorben los nutrientes por medio de los numerosos pelos radicales que poseen las raíces jóvenes, las cuales se renuevan continuamente por tener una vida de unos pocos días. Estos pelos radicales segregan sustancias ácidas que contribuyen a solubilizar compuestos difícilmente solubles, tales como fosfatos y carbonatos. En esta acción de solubilización también interviene el dióxido de carbono producido por la respiración de las raíces.

Sobre el mayor o menor grado de asimilación o absorción de los nutrientes influyen numerosos factores inherentes al medio (suelo y clima). Particularmente, la estructura del suelo tiene una gran influencia, directa e indirectamente, en el crecimiento de la raíz, que corresponde a la resistencia física que opone a la penetración de la misma. Los suelos de textura fina presentan una gran superficie externa, por lo que los agentes que alteran su estructura tienen una mayor posibilidad de actuación. Igualmente, otro efecto imputado a la estructura es la compactación de los suelos.

Para unos determinados valores de pH, algunos elementos asimilables se transforman en inasimilables, debido a que entran a formar parte de compuestos insolubles. La acidez también influye sobre la vida microbiana del suelo, la cual puede quedar inhibida o paralizada bajo unos determinados valores de pH, como es el caso de las bacterias nitrificantes, cuya actividad se inhibe en suelos ácidos.

En cuanto al clima, los factores que más influyen sobre la absorción son la temperatura y la humedad. A medida que aumenta la temperatura se incrementa la absorción, debido a una mayor actividad bioquímica, hasta llegar a un límite óptimo por encima del cual decrece progresivamente hasta paralizarse. Al contrario ocurre con las temperaturas bajas, que además de dificultar la actividad bioquímica provocan una disminución de la solubilidad en la disolución del suelo. De igual manera, a medida que aumenta la humedad, dentro de ciertos límites, se produce un incremento en la absorción de nutrientes.

Las deficiencias de nutrientes producen estados patológicos que muchas veces pueden apreciarse a simple vista, sobre todo cuando la deficiencia es de algún microelemento. Sin embargo, este examen visual no es suficiente cuando se quieren examinar con rigor científico las alteraciones producidas por falta de nutrientes, por lo que se recurre a métodos químicos de análisis del suelo y de las plantas.

Por otra parte, para mantener la fertilidad de un suelo (definida como su capacidad para abastecer de elementos nutritivos), a un nivel adecuado de producción es preciso que se repongan los elementos nutritivos que se pierden, bien sea por extracciones de la cosecha, lavado, volatilización, fijación e inmovilización de la materia orgánica, entre otros. Esta reposición puede hacerse de forma natural (meteorización de minerales primarios, aportación de restos vegetales, fijación biológica, etc.) o de forma artificial (aportaciones de estiércol, abonos verdes, abonos minerales, y otros).


Además de los factores considerados anteriormente, la baja aireación influye de modo importante en la absorción de elementos nutritivos. Esta influencia puede ser tanto directa, a través de la necesidad metabólica para el proceso de absorción de nutrientes, como indirecta, al afectar la solubilización y disponibilidad de elementos nutritivos. Asimismo, los suelos necesitan un buen drenaje para remover el agua no deseable, es decir, en exceso, tanto de las estancadas en la superficie como la retenida en capas interiores. Además, para permitir un uso más intensivo de la tierra, siembra de cultivos más rentables y eliminación de puntos húmedos.

Por consiguiente, dada la relación tan estrecha entre suelo y planta, la absorción de un determinado elemento no depende sólo de su contenido asimilable, sino también de otras características físicas y químicas del suelo, tales como textura, estructura, acidez, capacidad de cambio, salinidad, y otros. Ello significa que el análisis del suelo es una guía de gran utilidad para prevenir las deficiencias nutritivas, a condición de que se interprete adecuadamente.

Como es conocido, las plantas usualmente toman los nutrientes vía raíz y los cultivos desarrollan sus sistemas radicales en forma diferente. En consecuencia, la cantidad de raíces pueden variar aún en un mismo cultivo, dependiendo del ambiente y de las diferencias en la genética de la planta. Si se considera que algunos nutrientes no se mueven mucho en el suelo, la longitud del sistema radical determina si la planta obtiene suficiente cantidad de ellos.

En síntesis, las plantas absorben la mayor parte de los nutrientes por las raíces, los cuales son suministrados por los siguientes mecanismos:

¶ Flujo de masa · Difusión ¸Intercepción radicular

El agua con los nutrientes disueltos, llamada solución del suelo, se mueve del suelo a las raíces, de donde son absorbidos a las células de la planta por diferentes mecanismos. Se llama flujo de masa al movimiento de los nutrientes a través del suelo en el agua en movimiento.

Al momento que las raíces absorben nutrientes de la solución del suelo, otros nutrientes disueltos se mueven hacia las raíces sin agua por las leyes de difusión, es decir, de áreas de mayor concentración de nutrientes a áreas de concentración más baja. Sin embargo, con el crecimiento de las raíces, ellas se extienden a nuevas áreas del suelo donde se encuentran o interceptan con iones en solución.

La extensión de la raíz disminuye la distancia necesaria para que los nutrientes se muevan por el flujo de masa o difusión hacia la superficie de las raíces. La absorción de nutrientes por extensión de la raíz se denomina intercepción radicular.



























Los Fertilizantes y el futuro


"Sigue prevaleciendo una gran falta de conocimiento y confusión sobre los los fertilizantes minerales. El público necesita información objetiva, científica, de todos los asociados que participan en la gestión de los nutrientes..."
por Louise O. Fresco Subdirectora General, Departamento de Agricultura, FAO
Los fertilizantes tienen mala fama, incluso en algunos círculos impensados. Durante una visita reciente a mi alma mater, la Universidad de Wageningen, en los Países Bajos, me asombró escuchar a varios estudiantes afirmar que era muy peligroso utilizar fertilizantes en la agricultura e incluso inmoral, en particular en los suelos africanos. Ya es hora de disipar algunos de los mitos que prevalecen sobre los fertilizantes minerales, de reconocer que contribuyen a alimentar al mundo y de ponderar la mejor forma en que pueden ayudar a la agricultura a responder a los desafíos que afronta en las próximas décadas.
Hay consenso general sobre la evolución de la agricultura en respuesta a las tendencias demográficas y económicas. La población mundial probablemente llegará a unos 8 000 millones de personas alrededor del año 2030, y dos de cada tres personas vivirán en las ciudades. El incremento de los ingresos creará una demanda asimétricamente más alta de alimentos, lo que quiere decir que en los próximos tres decenios la producción de alimentos necesitará aumentar un 60 por ciento.
Casi todo el aumento de la producción tendrá que originarse en los países en desarrollo, gracias a la intensificación de la agricultura, es decir, mayor rendimiento por unidad de tiempo y de superficie. Conforme la urbanización reduce la fuerza de trabajo agrícola, la agricultura también tendrá que adoptar nuevas modalidades de mecanización, y pasar a la intensificación de la utilización agraria, con todas sus connotaciones. Estas situaciones sugieren incrementar la eficacia de la utilización de todos los recursos naturales, en particular el agua, y la necesidad de una utilización de fertilizantes mayor en eficacia aunque no en volumen.
Cosechas más abundantes. Hace medio siglo los agricultores sólo aplicaban 17 millones de toneladas de fertilizantes en sus tierras, hoy utilizan ocho veces ese volumen. En el norte de Europa la utilización de fertilizantes ha aumentado de alrededor de 45 a cerca de 250 kilogramos por hectárea desde 1950. En el mismo periodo, las cosechas de trigo en Francia crecieron año tras año, de unas 1,8 toneladas a más de siete por hectárea. El incremento de la utilización de fertilizantes sin duda es inferior al aumento de las cosechas, lo que confirma la pauta general de mayor eficacia en la utilización de los fertilizantes.
La aplicación de fertilizantes actualmente da cuenta del 43 por ciento de los nutrientes que la producción agrícola mundial extrae anualmente, y la contribución podría llegar hasta a un 84 por ciento en los próximos años. Al contrario de lo que piensa una parte de la opinión pública, no es probable que los nutrientes de origen no mineral superen a los fertilizantes minerales en el futuro, si bien habrá más abono verde debido al incremento de la producción de ganado, y la urbanización produce más desechos, en especial aguas residuales, la eficacia de éstos es considerablemente inferior y el costo actual de utilizar los desechos en la agricultura sigue siendo muy elevado.
La agricultura orgánica, que elimina la utilización de insumos sintéticos, no parece una opción viable. En la FAO se han hecho cálculos, de carácter muy tentativo, sobre lo que significaría la agricultura orgánica a escala mundial si la demanda del mercado de productos orgánicos aumentara sustancialmente. Las consecuencias son muy asombrosas. Habría que poner en rotación una gran cantidad de tierras con legumbres o para producción pecuaria, para compensar la falta de fertilizantes. Si bien la agricultura orgánica satisface la demanda de un mercado especializado, sus límites y sus peligros, en cuanto al agotamiento de nutrientes, necesitan someterse a atento examen.
Más con menos...

En el estudio de la FAO Agricultura mundial: hacia los años 2015/2030 se afirma que está adquiriendo cada vez más importancia el incremento en la utilización de fertilizantes en vista de otros factores, como las repercusiones de las prácticas agrícolas más intensivas en la fertilidad del suelo. Con todo, es posible aumentar la producción de alimentos con un aumento relativamente menor de fertilizantes. Por ejemplo, se afirma en el estudio, los productores de maíz en América del Norte han incrementado la eficacia de los nutrientes adoptando prácticas mejoradas de gestión. Otra investigación indica que técnicas como la agricultura de precisión podrían contribuir a "sustituir los fertilizantes con información". Consulte
Agricultura mundial: hacia los años 2015/2030...
No se trata de saber si se utilizará fertilizante en el futuro, sino en qué cantidad. En la Cumbre Mundial sobre la Alimentación de 1996, los gobiernos se comprometieron a reducir a la mitad el número de personas que pasan hambre para el año 2015. Existe un nexo directo entre ese objetivo de la CMA y la utilización de fertilizantes. Es posible que signifique un aumento del ocho por ciento en las aplicaciones de fertilizantes respecto a la situación actual. No parece mucho pero se trata de una cantidad considerable de toneladas. Una mejor utilización de los fertilizantes para cumplir los objetivos de la CMA tiene particular importancia para algunos países, como China y la India, donde vive una gran parte de la población mundial. Pero podría ser todavía más importante para África, donde se necesitan incrementos anuales del 2,7 por ciento para compensar la pérdida de nutrientes, y en el trópico, donde la agricultura anual sin fertilizantes le cobra una gran cuota a la materia orgánica del suelo.
Eficacia en la utilización. El desafío para el futuro es utilizar los fertilizantes con mayor eficacia. Una posibilidad consiste en mejorar a través de la biotecnología la eficacia en la utilización de fertilizantes y la de las plantas en la absorción de nutrientes. Actualmente hay poca actividad en el ámbito de la biotecnología orientada a las presiones abióticas o a la fijación biológica del nitrógeno. Si bien puede haber margen para esa investigación hay que tener mucho cuidado de no prometer demasiado, con anticipación. En todo caso, el fitomejoramiento tradicional todavía tiene mucho que ofrecer. Por ejemplo, se ha trabajado mucho en las propiedades denominadas de "mantenerse verdes" de algunos cultivos, como el sorgo, que mientras más tiempo dura verde más fertilizante absorbe.
Otro prometedor sector de investigación es la biología de los suelos. Si bien sigue siendo un ámbito aislado de investigación, se sabe que la materia orgánica del suelo y la biología del suelo son importantes para la gestión de los nutrientes, y que la eficacia de los fertilizantes es mucho mayor cuando se mejoran los suelos. En África, donde es muy lenta la recuperación de los nutrientes, se necesita estudiar más la materia orgánica de los suelos y la calidad material, biológica y química de los mismos. Como la fijación biológica del nitrógeno produce resultados diversos, los científicos necesitan vincularla a la aplicación de fertilizantes más convencionales y estudiar la recuperación. Los resultados probablemente demostrarían que la fijación biológica del nitrógeno no es una solución milagrosa por sí misma, sino que sólo da buenos resultados en determinadas condiciones.
La gestión integrada de los sistemas de producción es un método de eficacia comprobada para aprovechar mejor los fertilizantes. Se han obtenido extraordinarios resultados en la racionalización de las aplicaciones de plaguicidas gracias a la transmisión a los agricultores de las nociones del manejo integrado de plagas en las escuelas de campo, donde aprenden a observar atentamente los cultivos y a debatir la gestión de las plagas y los patógenos. Estas actividades se ligan cada vez más a la gestión integrada de los nutrientes: se capacita a los agricultores para observar las repercusiones reales de la aplicación de nutrientes, en vez de, por ejemplo, aplicar cada vez más urea sólo porque es el fertilizante más económico. Los agricultores también necesitan entender los efectos en ciertos patógenos de una utilización excesiva de nitrógeno, y otros factores de presión en los cultivos. Esto podría convencerlos de la necesidad de adquirir fertilizantes que no sean de nitrógeno y adoptar un plan de aplicaciones de fertilizante más equilibrado.
Los sectores público y privado. Utilizar con eficacia los fertilizantes puede tener muchas ventajas, incluso desde un punto de vista estrictamente económico. Con todo, esas ventajas dependen de una gran variedad de factores que determinan cómo los agricultores utilizan y aplican los fertilizantes. Es necesario que se asocien los sectores público y privado, que haya sistemas mucho mejores de distribución y control de calidad, y que el conjunto de instrumentos de comercialización concomitantes también se perfeccione. La industria de los fertilizantes debería ser más creativa y garantizar que el agricultor realmente obtenga el máximo beneficio de las técnicas actuales de cultivo y aplicación de los fertilizantes. Esto quiere decir buscar en forma sistemática cómo reducir la demanda de mano de obra, factor de particular importancia conforme disminuye este recurso agrícola. Por ejemplo, los nuevos fertilizantes recubiertos de polímeros podrían brindar una tasa de recuperación mucho mejor. La industria también debería tomar en cuenta el total del ciclo de utilización y recuperación de los nutrientes, teniendo en cuenta que la industria automotriz hace 20 años le hizo caso a esta demanda y sus ganancias han sido considerables.
Sigue prevaleciendo una gran falta de conocimiento y confusión sobre los nutrientes de los suelos y, en particular, sobre los fertilizantes minerales. El público necesita información objetiva, científica, de todos los asociados que participan en la gestión de los nutrientes. En otras palabras, hay que decirle al público lo que sabemos: sabemos que es necesario y posible mejorar la productividad; que hacen falta más fertilizantes; que la utilización de los fertilizantes puede ser mucho más productiva y eficiente, si se hace bien y en el contexto adecuado.
Este artículo se basa en un discurso pronunciado en la
Conferencia FAO/IFA sobre La seguridad alimentaria mundial y la función de la fertilización sostenible, celebrada en Roma del 26 a 28 de marzo de 2003. Los fertilizantes y el futuro
"Sigue prevaleciendo una gran falta de conocimiento y confusión sobre los los fertilizantes minerales. El público necesita información objetiva, científica, de todos los asociados que participan en la gestión de los nutrientes..."

La Materia Orgánica en el Suelo y su importancia en la producción silvoagropecuaria


Las prácticas agrícolas tradicionales mantenían la fertilidad de sus suelos principalmente optimizando la gestión del agua y la materia orgánica; a través del riego, el uso de enmiendas orgánicas, con estiércol, hojarasca, restos de cosechas, reciclando restos orgánicos mediante el compostaje. A todo esto, se añadía la gestión de la propia superficie trabajada a través del barbecho, asociaciones y rotaciones de cultivos, un laboreo mínimo y adaptado; así como la integración de la cría de los animales, aprovechando la vegetación natural mediante su armonización en sistemas agro-silvo-pastorales, y la utilización de sistemas de manejo básicos como el ramoneo, y otras prácticas acordes con los propósitos conservadores y fertilizadores de los suelos.
Al referirnos a la materia orgánica en el suelo debemos considerar su cuantificación como su caracterización; en este sentido, la "cuantificación" va a estar más cerca de lo que entendemos por balance o dinámica al estar relacionada preferentemente con la velocidad con la que la materia orgánica evoluciona y el equilibrio al que tienden los procesos de humificación y mineralización, específicos de la heterogeneidad de los diferentes agrosistemas, mientras que la "caracterización" estará más en relación con la diversidad de los aportes orgánicos y la variedad de los constituyentes bioquímicos de esos aportes y su composición.

II.- La importancia de la Materia Orgánica en la Fertilidad del Suelo.

La materia orgánica es el componente de mayor importancia en la fertilidad de los suelos, ya que afecta una serie de características tanto físicas, biológicas y químicas.La materia orgánica en el suelo, comprende los restos de plantas y animales, bajo diferentes estados de transformación, así como la biomasa edáfica -microorganismos, microfauna y enzimas extracelulares que representa del 1 al 2% de la materia orgánica total.En los suelos agrícolas, la materia orgánica proviene preferentemente, de los restos de cultivos, de las excreciones metabólicas y de los aportes orgánicos.La materia orgánica aumenta la porosidad de los suelos afectando por lo tanto la Densidad Aparente de los suelos, la Retención de Humedad y el Agua Disponible para las plantas.

La compactación de los suelos que se da por pisoteo o sobre laboreo puede ser reducida por la adición de fuentes de carbono que actúan sobre la porosidad del suelo.

La porosidad del suelo mejora la penetración de las raíces y por lo tanto, aumenta la incorporación de materia orgánica al suelo, tanto por las raíces mismas como por el aumento correspondiente en la biomasa aérea, la cual a su vez genera mas incorporación de residuos de cosecha o de material vegetal.

Al actuar también como cementante en la formación del terrón o estructura del suelo la materia orgánica afecta la estabilidad de agregados o estabilidad estructural, es decir, que la materia orgánica aumenta la resistencia al golpe de la lluvia y el sobre laboreo, lo que a su vez afecta la resistencia a la erosión del suelo. Hay una relación entre la magnitud de la escorrentía y la incidencia de la erosión. El agua de escorrentía tiene la capacidad de despegar partículas de suelo y arrastrarlas ya sea en suspensión o por arrastre, este tipo de erosión es responsable de un 10 % de erosión en suelos, el resto es causado por el impacto de las gotas de la lluvia que destruyen los terrones. En ambos casos el papel de la M.O. en reducir la escorrentía al aumentar la infiltración, y en aumentar la estabilidad de la estructura al daño físico es muy claro.

La M.O. afecta también el color de los suelos y por lo tanto la temperatura de los mismos y la difusión del calor en el suelo.
Esta variación en la temperatura de los suelos va afectar muchos otros procesos químicos y microbiológicos.

La variación en el contenido de carbono en los suelos tiene un efecto directo en la microbiología de los suelos afectando las poblaciones principalmente de actinomicetes y bacterias las cuales usan el Carbono como fuente de energía.

En el aspecto químico, la materia orgánica también juega un papel importante al aportar superficie de intercambio de cationes. En este aspecto el papel de la M.O. es fundamental ya que por su gran superficie de intercambio aporta un buen porcentaje de la CIC total del suelo, dependiendo de su contenido en los mismos. La capacidad de intercambio de cationes se asocia con la actividad química de grupos que se encuentran en esta. Uno de los más importantes es el grupo carboxílico (-COOH). Durante la humificación de la materia orgánica, la lignina es alterada de tal manera que hay un decrecimiento de los grupos que no intercambian cationes como los grupos methoxil (-0CH3 ) y un incremento de los grupos carboxílicos que si son intercambiadores. Como resultado de esto la CIC de la materia orgánica es muchas veces superior a la de los residuos orgánicos que le dieron origen. Así el humus actúa en forma similar a las arcillas intercambiando cationes y reduciendo la posibilidad del lavado de bases.

Estudios con carbón radiactivo muestran que muchas fracciones orgánicas del suelo muestran edades de 500 a 2000 años. Esto ha demostrado mineralizaciones de menos de 1 % al año. Alrededor de un 2 a 3 % del N en el humus es mineralizado cada año en un suelo bien drenado. Estos resultados dejan claros de que la materia orgánica del suelo se compone de al menos dos fracciones de materia orgánica que difieren en su resistencia a la descomposición. Cuando la lignina reacciona con algunos constituyentes del suelo, forma compuestos de gran resistencia. Esta inclusión de la materia orgánica dentro de la matriz del suelo genera compuestos muy inaccesibles por muchos años, pero que afectan positivamente las características físicas del suelo.

La mayor parte de los nutrientes mineralizados en el suelo provienen de una pequeña fracción de la materia orgánica muy activa. Esta fracción consiste en residuos animales y vegetales en diversos estados de descomposición y organismos de vida corta que se convierten en sustrato para otros organismos.

El Humus es prácticamente insoluble en agua, en su mayor parte es soluble en álcali. Una de sus características importantes es un contenido de N de
3 a 6 %, su contenido de carbono es del 58 %, la relación carbono / nitrógeno es del 10 al 12 % . El humus además es una gran reserva de azufre y fósforo y su relación C:N:P:S es de 100:10:1:1.

La mineralización de la M.O. libera a su vez una serie de nutrientes de importancia en la nutrición vegetal, como nitrógeno, fósforo, azufre. La importancia de este nitrógeno orgánico liberado es muy grande en las condiciones de altas precipitaciones donde las fuentes químicas de nitrógeno, por su alta solubilidad y su propensión a la lixiviación son muy poco eficientes.

Los coloides húmicos de la materia orgánica forman compuestos muy estables con ciertos iones metálicos. Los ácidos húmicos separados del suelo, especialmente de los suelos ácidos contienen cantidades grandes de Aluminio y de Hierro férrico. Esto afecta la capacidad buffer de los suelos con alto y bajo aluminio. Mucho del humus en el suelo está en asociación estrecha con las partículas de arcilla, con las cuales esta adsorbida, este fenómeno es de suma importancia para la capacidad de intercambio de cationes del suelo.

III.- El CICLO DEL CARBONO


El Carbono es el elemento más importante de los seres vivos y es la piedra fundamental de la estructura de la célula. El Carbono constituye entre el 40 a 50 % del peso seco de los tejidos vegetales y de las células microbiales. La fuente original de este carbono es el CO2 de la atmósfera, sin embargo, el CO2 constituye solo el 0.03 de la atmósfera terrestre.

El CO2 es convertido en carbono orgánico, principalmente por la acción de las plantas superiores y las algas de los ambientes acuáticos. Estos organismos fotoautotrópicos suplen los nutrientes orgánicos que necesitan los organismos heterótrofos. El carbono es fijado constantemente a formas orgánicas por la fotosíntesis, con la influencia de la luz. Una vez fijado, el carbono no es disponible para las nuevas generaciones de plantas, por esto es esencial que los materiales carbónicos sean descompuestos y retornen a la atmósfera para ser disponibles a nuevas plantas. Se ha estimado que la vegetación de la tierra consume cerca de un veintavo del total del Carbono de la atmósfera cada año, esto es aproximadamente 1.3 x 1014 kg de CO2 por año. Con este consumo la vegetación seria capaz de acabar con el CO2 de la atmósfera, de no ser por las transformaciones de los microorganismos del suelo.

Una vez que las plantas o animales mueren, los microorganismos asumen un rol muy importante en la descomposición de estos materiales, la mayor parte de este carbono pasa a formar parte de las células microbiales y de un vasto y heterogéneo grupo de compuestos carbónicos conocidos como humus o fracción orgánica del suelo.

Los organismos más simples en cuanto a nutrición son los organismos quimiautótrofos, que son organismos que sintetizan sustancias citoplasmáticas de sales inorgánicas, CO2, O2 y agua.

El O2 sirve la función de aceptor de neutrones en los organismos aeróbicos. En los aeróbicos facultativos un producto orgánico del metabolismo o alguna sustancia inorgánica remplaza al oxígeno. Las fuentes de energía de los heterótrofos son principalmente celulosa, hemicelulosa, lignina, almidones, sustancias pépticas quitina, carbohidratos, azúcares, proteínas, aminoácidos y ácidos orgánicos.

Las bacterias, actinomicetes y hongos heterotróficos o quimiorganotróficas que requieren una fuente simple de carbono, como azucares o ácidos orgánicos y nutrientes inorgánicos.

El CO2 es un producto del metabolismo aeróbico o anaeróbico el cual tiene su importancia como parte del ciclo del carbono además de su papel directo en el crecimiento. Quimiautótrofos y fotoautototróficos deben tener CO2 como fuente de carbono. También el CO2 es estimulante de crecimiento en los heterótrofos y es requerido por algunos, el crecimiento de la mayoría de las especies requiere del carbono para su crecimiento.

El crecimiento de los microorganismos requiere de una fuente de energía la cual se obtiene de la oxidación de compuestos orgánicos e inorgánicos. Un ejemplo de la oxidación en los heterótrofos aeróbicos, puede ser representado así:
C6 H12O6 + 6O2 à 6CO2 + 6H2O + energía

Esta reacción produce la suficiente energía pero no siempre toda es capturada por el organismo. La relación de la energía capturada por el sistema biológico y la energía liberada se conoce como eficiencia de energía libre.

La composición química del material orgánico tiene influencia en la magnitud de la asimilación, pero al final, el carbono incorporado en los nuevos tejidos microbiales, es a su tiempo descompuesto.

Los hongos en general liberan menos CO2 por cada unidad de carbono transformada aeróbicamente que otros grupos microbiales, debido a que los hongos son más eficientes en su metabolismo. La eficiencia se considera la efectividad de transformar el sustrato de carbono en carbono celular y se suele calcular como la relación de carbono celular formado a partir del sustrato de carbono consumido expresado como porcentaje. Cuanto más eficiente el organismo, menor la cantidad de productos orgánicos y CO2 liberados. Los organismos ineficientes en contraste, pierden la mayor parte del carbono como desperdicio y forman poco material celular. Los hongos filamentosos y los actinomicetes son más eficientes que las bacterias aeróbicas, las cuales utilizan los carbohidratos muy ineficientemente, dejando cantidad de materiales carbonáceos.

La enorme cantidad de C02 liberada a la atmósfera por los procesos industriales y los motores de combustión interna, además de los procesos geológicos volcánicos, deben ser incorporados por las plantas a través de la fotosíntesis. A través de este proceso, millones de toneladas de carbono son inmovilizadas en el tejido vegetal. La permanencia en el tiempo de ese carbono va a depender de las características y el uso de las plantas. El carbono puede permanecer por mucho tiempo en la madera de árboles en bosques naturales o en plantaciones forestales cuyo propósito puede ser la construcción. Así el carbono puede permanecer muchos años en la madera de un mueble o una casa.

La materia orgánica del suelo contiene fracciones de carbono que pueden ser bastantes estable, así se han datado carbono de la materia de hasta 2000 años de antigüedad que constituye una fracción estable del suelo. Sin embargo existen también fracciones que rápidamente pasan por un proceso de mineralización.

EL CICLO DEL NITRÓGENO

El nitrógeno (N) constituye junto con el potasio y el fósforo, el grupo de los elementos mayores que se derivan del suelo. El N es el principal constituyente de las proteínas sobre las cuales se basa la vida. Es un componente indispensable componente del protoplasma de las plantas, animales y microorganismos.

Además de su importancia el N es uno de los pocos nutrientes de un suelo que se puede lixiviar a través del perfil del suelo por efecto del agua de lluvia y a la vez puede ser volatilizado como NH3.

El nitrógeno atmosférico es caracterizado por la gran atracción entre los átomos de N y a una enorme resistencia a reaccionar con otros elementos.

Las transformaciones que sufre el nitrógeno en los suelos envuelven una serie de reacciones que involucran compuestos orgánicos, inorgánicos y volátiles.

El proceso de convertir N2 en formas usables por las plantas es llamado fijación de N. La fijación es llevada a cabo por microorganismos principalmente bacteria en suelos y algas en agua, y algunos fenómenos atmosféricos como relámpagos.

Las bacterias denitrificantes en suelos convierten N disponible del suelo en N2 a través del proceso llamado desnitrificación. Desnitrificación es la reducción de nitrato a nitrógeno gaseoso y su escape del suelo. En sistemas estables de bosques o praderas, desnitrificación es un proceso de gran importancia y responsable de pérdidas significativas de N. La desnitrificación se lleva a cabo por microorganismos anaeróbicos facultativos que usan nitrato en lugar de oxígeno en respiración.

Todas estas transformaciones ocurren en forma simultanea y pueden ser visualizadas en un ciclo cuyas reacciones pueden llevar al elemento de un estado a otro dependiendo de la microflora del suelo.

La mineralización del nitrógeno es el proceso mediante el cual parte de los compuestos complejos orgánicos del suelo son descompuestos y transformados a iones inorgánicos amonio y nitrato que son usados por las plantas. La mineralización del nitrógeno degrada proteína, polipéptidos, aminoácidos, ácidos nucleicos y otros compuestos orgánicos.

El proceso contrario lo constituye la inmovilización de nitrógeno, en el cual las sustancias simples, amonio y nitrógeno son transformadas en sustancias complejas, mediante la biosíntesis de sustancias protoplasmáticas microbiales complejas. Estos dos procesos ocurren simultáneamente.

La práctica de incorporar residuos frescos o parcialmente descompuestos origina por lo general, una reducción de los contenidos de nitrógeno inorgánico del suelo. Esto ocurre también bajo la aplicación de carbohidratos puros.

La reducción del nivel de N va a corresponde a la cantidad del material aplicado. Con el tiempo el nivel de N se va a recuperar. Este es el fenómeno conocido como inmovilización de N. Los organismos no pueden multiplicarse ni los materiales descomponerse a menos que N sea asimilado en el protoplasma microbial. Siempre que ocurre mineralización el proceso de inmovilización ocurre. La cantidad de N inorgánico liberado va a ser un resultado neto de ambos procesos. Esto debido a que la aparición de nuevos organismos por multiplicación durante la mineralización va a su vez a requerir asimilar N, esto produce inmovilización de parte del N liberado.

De las formas simples, el nitrato es perdido de varias formas, una es a través de la lixiviación, proceso por el cual el nitrato, debido a su alta solubilidad es arrastrado por el agua fuera de la zona de raíces. Estas pérdidas son muy altas en zonas tropicales y más altas en suelos de texturas gruesas, y constituyen un enorme problema por su potencial de contaminación de aguas subterráneas con el consiguiente problema de salud pública.

El nitrato junto con el amonio es también removido del medio por la absorción de las raíces de las plantas. Este nitrógeno es integrado mediante los procesos metabólicos de síntesis en diferentes compuestos y eventualmente, mediante la caída de las hojas es reintegrado al suelo mediante la descomposición. Esta descomposición se lleva a cabo por microorganismos que incluyen hongos, actinomicetes y bacterias los cuales utilizan los compuestos orgánicos e integran estos compuestos en su citoplasma.

La mineralización de N mediante la cual el N orgánico es convertido a formas más móviles, es un proceso análogo a la liberación del CO2 de los materiales carbónicos. Los dos procesos son similares en el sentido en que son la única forma de regenerar los elementos a formas usables por las plantas.

Mediante este proceso amonio y nitrato son formados y el N orgánico desaparece. Amonio es visto como un producto residual del metabolismo microbial, y representa la cantidad del nitrógeno en exceso de la demanda microbial. La nitrificación es asociada con las reacciones que producen energía en el metabolismo de las bacterias autotróficas.

Así, la mineralización puede ser estimada midiendo la producción de amonio, nitrato y nitritos como productos inorgánicos de la mineralización.

IV.- La fijación de nitrógeno atmosférico.

Nitrógeno es un elemento vital para el crecimiento de las plantas, constituye el 78 % de la atmósfera terrestre. Sin embargo, a pesar de su abundancia, es uno de los factores más limitantes al crecimiento de los cultivos de tal forma que el N representa uno de los mayores costos en la producción de cultivos.

El contenido de nitrógeno en los suelos es variable pero generalmente se encuentra entre 0.01 y 0.4 %. De este nitrógeno cerca de un 85 % corresponde a nitrógeno orgánico. El N inorgánico constituye de un 5 a un 15 % y se encuentra constituido por nitratos, amonio, nitritos, oxido nitroso y nítrico, hidroxilamina y amoniaco.

El N atmosférico sin embargo puede ser fijado, se considera la fijación el proceso mediante el cual el nitrógeno atmosférico se une con el oxígeno y el hidrógeno. Este proceso puede llevarse a cabo por fijación biológica simbiótica o asimbiótica, oxidación natural e industrial.

El nitrógeno puede también ser suplido a los cultivos a través de la fijación biológica de N, proceso que cobra importancia conforme aumentan los costos de la energía y la preocupación por el medio ambiente.

Se ha señalado que incrementar la eficiencia de la fijación simbiótica podría tener para los Estados Unidos solamente un beneficio de 1.067 millones de dólares. Esto sin contar los beneficios sobre la contaminación de aguas subterráneas por nitratos y el incremento de la fertilidad de los suelos.

La fijación biológica de N es un proceso que se lleva a cabo en forma de asociación simbiótica con microorganismos como lo es la relación Rhizobium-leguminosa, o con asociaciones libres con otros organismos como las algas azul-verdosas, levaduras y bacterias libres.

En la relación simbiótica, la más importante es la relación de Rhizobium-leguminosa, en la cual la bacteria suministra nitrógeno reducido a la planta para la síntesis de proteínas y aminoácidos y la planta suple a la bacteria con carbohidratos. Estos carbohidratos suplen la energía necesaria para la actividad de la enzima envuelta en este proceso, la nitrogenasa.

La primera etapa en el proceso de fijación es la infección de la planta por la bacteria con la consiguiente formación de nódulos, la quimiotaxis de los rizobios o su atracción a la rizosfera, la cual es estimulada por la secreción por parte de la raíz de productos estimulatorios para la bacteria. Posteriormente se da la multiplicación de los mismos y su acercamiento a la raíz. En la raíz se produce el encurvamiento del pelo radical, crecimiento del hilo infectivo y el estímulo meristemático con la infección de las células de la corteza.

La bacteria Rhizobium es gram-negativa y no forma esporas. Esta bacteria crece rápidamente en medios de cultivo que contengan carbohidratos como manitol o glucosa. Además de la fuente de carbono se requieren algunas vitaminas como biotina, tiamina, ácido pantoténico, y algunas veces riboflavina.
Generalmente los suelos contienen diversidad de razas de la bacteria pero en ciertos casos se requiere inocular el suelo con la bacteria adecuada para lograr un máximo aprovechamiento del proceso de fijación.

El proceso de fijación simbiótica es influenciado por factores ambientales y que afectan su eficiencia. Entre estos factores se pueden mencionar el pH del suelo, temperatura, aeración, contenido de nutrientes como fósforo, calcio, magnesio, boro, y molibdeno, humedad etc. Los niveles de N fijado por hectárea son muy variables y pueden ir desde unos pocos kilos hasta 500 kilos por hectárea al año.

Las leguminosas son el grupo de plantas más importantes en cuanto a la fijación simbiótica, son dicotiledóneas de la familia Leguminosae, se conocen mas de 13000 especies y unas 200 son cultivadas por el hombre.
Muchos de las plantas fijadoras de N se utilizan en agricultura cultivo y también en sistemas de asocio, dentro de los árboles fijadores, muchos de ellos se utilizan en sistemas agroforestales. Se estima que la fijación por árboles varia desde unos 12 a 934 kilogramos por hectárea dependiendo de la especie de árbol.

V.- Factores que afectan la fijación simbiótica de N

La cantidad de N que una planta puede adquirir a través de fijación va a estar influenciada por muchas variables como se mencionó anteriormente, sin embargo, como la fijación es un medio de adquirir N requerido para el crecimiento, la presencia en el suelo de compuestos inorgánicos de N puede inhibir esta fijación. Esto es de suma importancia a considerar en el manejo de sistemas de cultivos que incluyen leguminosas, ya que en sistemas de asocio, por ejemplo Café-Leguminosas podríamos no estar aprovechando al máximo la fijación simbiótica debido a la aplicación de grandes cantidades de N químico al café.

Los factores ambientales afectan la fijación simbiótica, estos factores incluyen la temperatura, humedad, acidez y varios componentes químicos del suelo como nitrógeno, fósforo, calcio y molibdeno. Es muy difícil aislar el efecto de los factores en la inoculación, simbiosis o la fijación del N. Por ejemplo, la acidez, el calcio, aluminio y manganeso interaccionan y afectan la proliferación de la bacteria, la infección de raíces y crecimiento de plantas. La inundación de suelo produce una escasa supervivencia de rizhobium pero se sabe muy poco sobre el efecto de la sequía sobre la bacteria. Las coberturas de suelo proveen reducción de la temperatura y afectan positivamente el Rhizobium.

Es también muy influyente el molibdeno en los suelos ácidos, para que se dé la incorporación de N a formas fijadas, el molibdeno debe estar presente en forma abundante, lo cual no es común en suelos ácidos, ya que el pH del suelo afecta fuertemente la disponibilidad del elemento.

VI.- LA MATERIA ORGANICA DEL SUELO

La materia orgánica del suelo proviene de los residuos vegetales y animales que se depositan o se incorporan dentro del suelo. Grandes cantidades de residuos vegetales se descomponen sobre la superficie del suelo. Las partes subterráneas de las plantas que se descomponen dentro del mismo, o que son incorporadas son descompuestas por los microorganismos. Por otro lado los residuos animales en forma de tejidos o excrementos, también son descompuestos. Las células de los microorganismos del suelo son también una fuente de carbono importante en el suelo.

La diversidad de los materiales que ingresan al suelo lo hacen un material de gran heterogeneidad, tanto desde el punto de vista químico como físico.

En los constituyentes orgánicos de las plantas se pueden encontrar seis grandes categorías de componentes:

- La celulosa que va de un 15 a un 60 % del peso seco del material y es el componente más abundante.
- La hemicelulosa con un 10 a un 30 % del peso seco.
- La lignina con un 5 a un 30 % del peso de la planta.
- La fracción soluble en agua donde se incluyen azúcares, aminoácidos y ácidos alifáticos con un 5 a un 30 % del peso de los tejidos.
- La fracción soluble en éter y en alcohol la cual contiene grasas, aceites, ceras, resinas, y pigmentos.
- Las proteínas que contienen en su estructura mucho del nitrógeno y azufre de la planta.

Además de estos componentes orgánicos están los componentes minerales que se estiman en las cenizas y que van de un 1 a un 13 %.

La distribución de estos componentes varía con la edad de la planta, conforme la planta envejece los porcentajes de componentes solubles en agua, proteínas y minerales disminuyen y aumentan los de celulosa, hemicelulosa y lignina.
Estas cantidades también varían de acuerdo al tipo de planta, si son leñosas o suculentas.

VII.- DESCOMPOSICIÓN Y TRANSFORMACION DE LA M.O.

En las condiciones de climas cálidos, los contenidos de M.O. en forma general, no difieren mucho de aquellas de las regiones templadas.. En los suelos, la M.O. es un resultado de la adición y descomposición de la misma. El contenido de la M.O. en equilibrio en un suelo es un producto de cantidad de depositación anual, la velocidad de la descomposición de la M.O. y de la tasa de conversión de la materia orgánica fresca en Carbono orgánico del suelo.

Esta conversión de M.O. fresca en Carbono es del orden de 30 a 50 % para los suelos ten regiones tropicales. Por lo general los aportes de M.O. son mayores en el trópico que en las regiones templadas pero todo depende del sistema y de su manejo

Las células de la mayoría de los organismos contienen aproximadamente 50 % de carbono. El proceso de convertir las fuentes de carbono (hojas, residuos animales etc.), es conocido como asimilación. Bajo condiciones aeróbicas se asimila entre un 20 y un 40 % del carbono del sustrato, el resto es liberado como CO2 o se acumula como productos de desecho. Esto es difícil de estimar debido a que parte del carbono liberado proviene de las células microbiales. La flora fungosa del suelo libera por lo general menos CO2 por cada unidad de carbono asimilada debido a que los hongos son más eficientes en su metabolismo. Las bacterias anaeróbicas utilizan carbohidratos muy ineficientemente, dejando muchos materiales carbónicos. Mucha de la energía de las sustancias originales no son liberadas por los anaeróbicos y los compuestos que no han sido del todo oxidados pueden ser utilizadas por otros organismos cuando el sistema se torne aeróbico.

Durante la descomposición por hongos de un 30 al 40 % del carbono metabolizado es usado para formar nuevo micelio, las bacterias aeróbicas asimilan de un 5 a un 10 % y las anaeróbicas incorporan de un 2 a un 5 %. Estos valores son aproximados debido a que hay muchas bacterias y algunos hongos mucho más eficientes.

Junto con el carbono los organismos asimilan nitrógeno, potasio, fósforo y azufre. Esto es muy importante en términos prácticos para el manejo agronómico de los cultivos, ya que esta inmovilización reduce la disponibilidad de nutrientes para los cultivos.

Esta inmovilización esta relacionada a la asimilación del carbono por un factor gobernado por las relaciones C:N, C:P, C:K y C:S. De acuerdo a esto si la composición promedio de la microflora descomponedora es 50 % de C y 5 % de N, el N inmovilizado va a ser un décimo de carbono que se uso para la producción de células micro viales.

La eficiencia de la síntesis celular depende en gran parte de las condiciones del suelo, por ejemplo las condiciones ácidas o alcalinas.

Debido a que la degradación de la materia orgánica es una característica de todos los heterótrofos se puede usar para calcular el nivel de actividad microbiana.

La velocidad de mineralización del humus varía ampliamente con el tipo de suelo. La velocidad con que se libera el CO2 varia con las condiciones pero puede variar entre 50 y 300 mg o mas por kilogramo de suelo. Existen formas relativamente fáciles de medir la respiración del suelo, sin embargo el CO2 obtenido puede provenir de la respiración de raíces y animales del suelo, además de una gran variación por temperatura, humedad del suelo.

Los factores que más influencian la mineralización del humus son el nivel de materia orgánica del suelo, laboreo del suelo, temperatura, humedad, pH, profundidad, y aeración.

La mineralización del carbono es más rápida a pH de neutros a ligeramente alcalinos, esto asumiendo que otros factores se mantengan estables.

La mineralización de carbono es estimulada por la aplicación de materiales orgánicos siempre que no haya limitación de sustancias inorgánicas como nitrógeno, fósforo, azufre, etc.

Lo mismo ocurre cuando hay suficiente cantidad de materiales carbonaceos en el suelo y la mineralización de estos materiales esta limitada por el nitrógeno, el fósforo o azufre. En estas condiciones hay una gran respuesta a la aplicación de sustancias inorgánicas.

La mayor evolución de CO2 cerca de la superficie del suelo donde se encuentra la mayor cantidad de residuos orgánicos. A profundidades de mas de 50 cm muy poco carbono es volatizado.

Cuando se añaden materiales orgánicos a un suelo hay un período en el cual no se llega a la máxima velocidad de oxidación. Este es el período necesario para que se dé el incremento de las poblaciones de microorganismos en el suelo necesario para lograr la un alto nivel de transformación de materia orgánica.
Las formas "modernas" de gestionar la fertilidad del suelo, han permitido intensificar el uso de las parcelas de cultivo e independizar su función del resto de los aprovechamientos agrícolas y ganaderos; pero por otra parte han acentuado la dependencia de la agricultura y la ganadería del uso de recursos renovables y no renovables, desencadenando al mismo tiempo serios problemas de residuos y contaminación en suelos y agua, y como consecuencia una pérdida grave de la capacidad productiva y funcional de los suelos de cultivo.
Uno de los componentes en los que más ha influído está forma unidireccional y tecnicista de contemplar la dinámica del medio edáfico ha sido sobre el componente orgánico; esta alteración de la fracción orgánica, está íntimamente relacionada con una disminución de la fertilidad global del suelo de cultivo y con la pérdida de su capacidad para optimizar la infiltración y la retención del agua y oponer resistencia a los fenómenos erosivos.
Se impone por lo tanto, una reflexión sobre nuestra incapacidad actual para resolver en un medio tan diverso como es el agrícola,. los problemas generados por la utilización de modelos de producción basados exclusívamente en el desarrollo de técnicas que maximicen las producciones.
En este sentido, la agroecología, reivindica la necesaria unidad entre los distintos espacios de conocimiento para comprender la interconexión entre procesos ecológicos, económicos y sociales. Este planteamiento le permite enfocar el manejo del sistema agrícola desde la complejidad de las múltiples interacciones que se establecen en el mismo a semejanza de los ecosistemas naturales y la capacita para dar soluciones a muchos de los problemas relacionados con las actuaciones agrícolas convencionales.
Desde un planteamineto agroecológico, nuestras decisiones sobre el diseño y el manejo dela diversidad de agrosistemas y medios, debe contemplarse dentro de un enfoque holístico y sistémico, que irá encaminado a dar cabida a la multicausalidad de los procesos que influyen sobre el sistema de producción.
En este contexto, y en relación al medio edáfico, el manejo perdurable de los agrosistemas en ambiente mediterráneo debe estar basado en un correcto "balance, de nutrientes para evitar su carencia; de agua para evitar su déficit –y la pérdida de su calidad-; de sales para evitar su acumulación y de materia orgánica", para optimizar los balances anteriores (Gascó, 1998).
Igualmente, el mantenimiento perdurable de la capacidad productiva requiere actívamente de "prácticas de conservación de suelos para mantener la integridad del perfil y evitar su degradación por deterioro de la estructura y por pérdida de las materias orgánicas y minerales más finas y activas como las arcillas" (Gascó, 1998) y prácticas de fertilización orgánica que permitan el suministro equilibrado de nutrientes esenciales, que potencian la biodiversidad edáfica y que optimizan los parámetros edáficos ligados igualmente a su conservación.
El contenido de materia orgánica de los suelos de cultivo, está estrechamente relacionado con su potencial productivo; así mismo es uno de los componentes que más influye sobre la optimización del balance hídrico del suelo. En relación con ésto, algunas de sus propiedades hacen referencia a que la materia orgánica puede absorber agua por encima del 90% de su peso, lo cual contribuye a aumentar la capacidad de retención de agua del suelo; igualmente mejora la estabilidad estructural de los agregados, lo que junto a una buena cobertura vegetal influye sobre la retención; mejora la cama de siembra al hacer al suelo más "mullido" optimizando el equilibrio entre oxígeno y agua, reduce los efectos de encostramiento, etc.
Sin embargo, su influencia sobre la mayor parte de los parámetros edáficos va a depender del estado en el que la misma se encuentre y de su origen, más que de la cantidad total de materia orgánica.
Respecto al agua, es esencial para la superviviencia y el crecimiento de las plantas, y para el desarrollo óptimo de la vida edáfica y al contrario que la mayoría de los nutrientes, que son retenidos en la planta, la característica del agua es su movimiento. Además actua como disolvente, reactivo hidrolizante, amortiguador de temperatura y agente dilatador y debilitador de la estructura.
Si nos centramos en el comportamiento del agua en el suelo éste va a depender de sus particulares propiedades, de su interacción con los demás componentes y organismos del suelo y de las fuerzas que actuan sobre ella.

VIII.- INTRODUCIÉNDONOS EN LA DINÁMICA DE LA MATERIA ORGÁNICA

Dentro de una hipotética secuencialidad, estos restos orgánicos denominados como "materia orgánica fresca", que representan la principal fuente de energía para la realización de los procesos bioquímicos edáficos, serían en una primera etapa, transformados por vía biológica hasta los componentes elementales de sus constituyentes básicos -proteínas, hidratos de carbono, ácidos orgánicos complejos, etc.- es decir, en esta etapa se produce una "simplificación" de su estructura a compuestos más "sencillos" y en general solubles. Parte de estos compuestos sufren, por acción microbiana, un proceso de mineralización -proceso eminentemente biológico y preferentemente aeróbio- pasando a formas inorgánicas, bien solubles (PO43-, SO42-, NO3-, etc.) o bien gaseosas (C02 y NH4+). Al mismo tiempo, algunos de estos nutrientes pueden sufrir una inmovilización temporal –reorganización- en la biomasa microbiana –fundamentalmente el nitrógeno-.
La fracción de la materia orgánica que no se mineraliza en esta primera fase, a través del proceso de humificación, es sometida a reacciones bioquímicas y químicas, de resintesís y polimerización, que incrementan su complejidad, y que darán lugar a nuevos productos -macromoléculas más o menos policondensadas-, que reciben el nombre de sustancias húmicas. La mineralización de las sustancias húmicas es más lenta, debido a su complejidad estructural y a su estabilidad, gracias a su unión con cationes di y trivalentes, a la formación de complejos organo minerales –con arcillas y óxidos fundamentalmente-, y la localización en agregados, o entre las láminas de arcillas.
Teniendo en cuenta los diferentes estados, al hablar de materia orgánica en el suelo, nos interesa conocer tanto el contenido de la misma, como su dinámica.
En la dinámica de la materia orgánica, distinguimos en primer lugar, dos tipos de procesos evolutivos, uno que conlleva su "simplificación" denominado mineralización y otro que incrementa su complejidad denominado humificación. En segundo lugar, destacar que en el suelo existen diferentes "tipos" de materias orgánicas, entre ellas: la correspondiente a la biomasa, a la materia orgánica "fresca", a los productos orgánicos intermedios y a la materia orgánica humificada.
A no ser que recientemente se hayan realizado estercoladuras, o se hayan enterrado restos de cultivos, el humus de un suelo agrícola representa aproximadamente el 90% de la materia orgánica total, (Saña, 1996), a pesar de ello, la cuantificación analítica del "estado orgánico del suelo" se suele reducir a su expresión como contenido de materia orgánica total oxidable.
Los efectos agronómicos de la transformación de la materia orgánica en el sistema suelo, estan relacionados preferentemente con la velocidad con que ésta evoluciona y con el equilibrio alcanzado entre los procesos de formación y degradación de la misma -humificación y mineralización-; su influencia abarca a todos los parámetros edáficos y es decisiva para el mantenimiento perdurable de la fertilidad global del suelo agrícola.
En relación con lo anterior y con vistas al diagnóstico de las necesidades de materia orgánica en los suelos agrícolas, algunas evidencias señalan que (Saña, 1996):
Interesa que los suelos arcillosos tengan un nivel notable de materia orgánica –siendo óptimos los demás condicionantes- para mantener estructurados los abundantes coloides de arcilla; los suelos arenosos deben poseer un buen nivel para sustituir a los inexistentes coloides minerales, lograr cohesionar mínimamente las partículas de tamaño intermedio, y conseguir unas correctas capacidades de retención de agua y de intercámbio catiónico.
Un suelo arcilloso y/o con carbonatos que esté sometido al mismo régimen de aportes orgánicos que otro sin tales características acumulará a lo largo del tiempo más materia orgánica. En cierta manera lo que se viene a decir es que los suelos calcáreos o arcillosos deben poseer unos niveles más altos de materia orgánica para compensar, con la cantidad, su inferior ritmo de mineralización.
En los suelos ácidos es usual encontrar concentraciones importantes de materia orgánica, ya que un pH excesivamente ácido ralentiza la actividad microbiana y en consecuencia disminuye el ritmo de mineralización. En suelos muy básicos, también puede enlentecerse la mineralización y acumularse la materia orgánica; en ambos casos los efectos del pH sobre la mineralización van unidos a otros factores.
También debemos hablar, aunque no es corriente de un "nivel excesivo" de materia orgánica. Su acumulación en los suelos agrícolas, en nuestras condiciones, suele ser síntoma de una mala actividad de la biomasa edáfica.
En la dinámica del ciclo orgánico, el contenido de humus o grado de humificación es, el cómputo que resulta de la capacidad mineralizadora de la biomasa edáfica y de las incorporaciones de material orgánico. La capacidad mineralizadora depende básicamente de los factores que afectan a la biomasa: clima, pH, estructura, textura, carbonatos, humedad, nutrientes y grado de intervención; las entradas de material orgánico están ligadas a la actuación del agricultor: elección de cultivos, rotaciones, aportes orgánicos (Saña, 1996).
La cantidad de humus generado dependerá de la diversidad de los residuos orgánicos dejados sobre el terreno y de la propia composición de los mismos. El humus generado a partir de los residuos vegetales de los cultivos y el que proviene de las incorporaciones de abonos orgánicos, va a estar cuantificado por el coeficiente isohúmico" K1, que expresa el rendimiento potencial en humus de la materia seca del material orgánico aportado.
Relacionado con lo anterior, existen otros métodos que completan, la noción de K1 y ayudan a caracterizar la evolución del comportamiento en el suelo de las materias orgánicas. En este sentido, se han desarrollado algunos métodos enfocados a la identificación de las diferentes fracciones de la materia orgánica por separación bioquímica para deducir conciendo su composición, la resistencia a la biodegradación.
Dos de esos métodos son: El Índice de Estabilidad Bioquímica, (Linères, 1993) y La Caracterización Bioquímica de la Materia Orgánica (Robin, 1997). Estos métodos, no sólo ayudan a caracterizar las materias orgánicas con más precisión que el sólo uso del coeficiente K1, sino que determinan objetivamente el concepto de calidad de una materia orgánica.
Ambos métodos han permitido agrupar los diferentes productos orgánicos en cuatro clases (Chaussod, 1999):
Productos ricos en fracciones solubles y nitrógeno total, fácilmente mineralizables
Productos ricos en fracciones solubles y hemicelulosa (algo más del 45% de la materia orgánica), considerados como productos con un débil rendimiento en humus.
Productos ricos en celulosa y lignina (algo más del 65% de la materia orgánica) considerados como enmienda orgánica verdadera.
Productos con una débil cantidad de materia orgánica (materia mineral mayor del 40% de la materia seca) con valor preferentemente enmienda organo-mineral.
"K2" es el "coeficiente de mineralización" y depende más estrechamente de las condiciones climáticas, de las características edáficas y del manejo del suelo y en general de todos aquellos factores que afecten desfavorablemente a la actividad microbiana.
La relación C/N también nos señala si las sustancias húmicas son el material claramente hegemónico o no dentro de la materia orgánica del suelo. Sabemos que la media en la relación C/N del humus es aproximadamente 10, mientras que en la materia orgánica fresca es muy superior, pudiendo alcanzar valores de 50 o más. Por ejemplo, las relaciones C/N demasiado bajas pueden indicar un agotamiento del suelo, una acumulación de nitrógeno amoniacal provocado por la ralentización o el cese de la nitrificación o por exceso de abonados minerales nitrogenados
También podemos interpretar determinados valores de las sustancias húmicas en la relación con la fertilidad, así podemos encontrarnos con valores extremadamente bajos de ácidos fúlvicos y húmicos lo que sugiere suelos muy empobrecidos –esto se corroborará con un nivel bajo de materia orgánica y alto de huminas; si aparecen simultáneamente valores altos de ác.fúlvicos y bajos de ác. húmicos, es decir un índice de polimerización bajo, debe pensarse en un freno a la humificación bien por un alto índice de estabilidad estructural o por aportes recientes de abonados orgánicos (Saña, 1996).
El mantenimiento de un contenido óptimo y una dinámica satisfactoria de la materia orgánica va a venir precedida de un diseño adaptado a las particularidades agronómicas, ambientales y a las condiciones socioeconómicas locales; diseño que contemple un aporte orgánico adecuado y diversificado, la integración si es posible en sistemas mixtos y una disminución de las pérdidas..

Factores que afectan el crecimiento y rendimiento de las plantas

El buen rendimiento y crecimiento de un cultivo depende de los factores inherentes al ecosistema en el cual las plantas crecen. Existen factores no sólo del suelo, sino también factores relacionados con la planta y el clima, constituyendo así lo que se ha llamado sistema suelo-planta-clima. Los factores de ese sistema generalmente no actúan en forma individual, sino que la variación de un factor de suelo creará variaciones en otro factor de la misma fase (suelo) o de una fase diferente (planta), existiendo así interacciones entre factores que afectarán el crecimiento y rendimiento.

En muchas ocasiones los agricultores manejan las fases suelo y planta, ya que la fase clima es más independiente. Sin embargo, para obtener el mejor rendimiento en un cultivo se necesita una combinación de los factores de suelo, planta y clima en forma óptima, y el factor más limitante será el que más afecte los rendimientos. Este Principio ha sido denominado “ley de mínimo”, el cual se puede enunciar en la siguiente forma: “ el nivel de producción de un cultivo no puede ser mayor que el que es permitido por el factor más limitante del sistema suelo-planta-clima”.
La relación entre dos factores y su efecto sobre un tercero (generalmente rendimiento) se expresa en gráficos denominados superficies de respuestas o curvas de respuestas de los cultivos, en los cuales se puede observar el efecto principal de cada uno de los factores sobre rendimientos, así como también el efecto de su interacción.

En el sistema suelo-planta-clima cada una de las fases es altamente importante en el logro de buenos rendimientos. En la fase de las plantas y del manejo que el hombre realiza para favorecer su crecimiento, algunos factores requieren especial consideración. Entre ellos se mencionan los siguientes:

La fecha en que se siembra un cultivo está relacionada con los rendimientos que se pueden obtener, especialmente si depende de la precipitación como única fuente de agua. Además, si se siembra muy temprano se corre el riesgo de que el cultivo no disponga de suficiente humedad en su período crítico y, por lo tanto, sus rendimientos serán bajos; y si se siembra muy tarde habrá exceso de humedad, poca disponibilidad de oxígeno en el suelo y bajos rendimientos.

La densidad de siembra es otro factor a considerar. Si se siembran pocas plantas por hectárea (alrededor de 20.000) se producirán bajos rendimientos. Si se siembran demasiadas plantas/ha (alrededor de 100.000) entonces se presentan problemas de competencia entre plantas, no sólo por agua sino también por luz y nutrientes, resultando bajos rendimientos.

El control de plagas y enfermedades es importante, bien sea de carácter preventivo (antes de que se presente) o combativo (ya presentes en el cultivo). Las plagas y enfermedades afectan el crecimiento y producción de las plantas, por lo que su control es necesario para la obtención de buenos rendimientos.

El combate de las malezas con el uso de herbicidas aplicado antes de la siembra del cultivo (presiembra), antes de la emergencia (preemergente) o después de la emergencia (postemergente), es una práctica agrícola necesaria, ya que las malezas compiten con el cultivo por agua y nutrimentos disminuyendo los rendimientos.

Otro factor importante es la preparación del suelo o labranza. El uso de la labranza convencional (varios pases de arado y rastra a 20 cm. de profundidad) sobre el mismo suelo, cada año, contribuye a la pérdida de la estructura de los suelos y compactación, lo cual afecta el crecimiento radical de los cultivos. Al contrario, el uso de la mínima labranza (con la que se disturban los primeros 8 cm. de la superficie del suelo), propicia la conservación de la estructura del suelo, y la disminución en la pérdida de humedad por evaporación, ya que conservan los residuos vegetales de cultivos anteriores sobre la superficie del suelo y disminuye los riesgos de erosión.

En el sistema suelo-planta-clima los factores de clima son más independientes, ya que son menos controlables por el hombre. Sin embargo, conociendo estos factores el hombre puede manejar los elementos de planta y suelo para hacer un uso más eficiente de los factores de clima.

La lluvia es un factor que el hombre no puede controlar, pero si se conoce su distribución en un área determinada, entonces se puede planificar la fecha de siembra, de manera que el cultivo tenga disponibilidad de humedad en sus períodos críticos.

La temperatura ambiente, considerada como una expresión de la intensidad del calor, afecta funciones en las plantas, tales como: fotosíntesis, respiración, permeabilidad de la pared celular, absorción de agua y nutrimentos, transpiración, todo ello reflejado con el crecimiento de la planta.

Otro factor es la velocidad del viento. En este caso, la alta velocidad del viento puede causar lo que se ha denominado “tendidura" o caída de las plantas, ya que el viento vence el soporte mecánico del suelo. En áreas donde se considera que la velocidad del viento puede producir “tendidura” generalmene se recomienda sembrar un poco más profundo, de manera de aumentar el soporte mecánico del suelo a la planta. El viento también puede acelerar la evapotranspiración por lo que las plantas podrían sufrir de déficits de humedad más rápido.

En síntesis, los factores del sistema suelo-planta-clima generalmente no actúan en forma independiente, sino que sus efectos sobre rendimientos son de tipo directo, por una parte, y de tipo indirecto a través de interacciones con otros factores. Por ejemplo, una interacción suelo-planta es la que ocurre cuando al agregar un fertilizante fosforado (factor de manejo) se aumenta la cantidad de fósforo aprovechable en el suelo, lo cual se debe reflejar en mejores rendimientos.